El viernes, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el territorio panameño, causando daños materiales pero sin reportes de víctimas humanas. Las autoridades informaron que los sismos afectaron principalmente zonas costeras y cercanas a la capital, con edificios y estructuras sufriendo daños leves a moderados.
Las primeras horas tras el sismo estuvieron marcadas por una serie de réplicas, algunas de corta duración pero suficientes para generar nerviosismo en la población. Muchos ciudadanos evitaron dormir en sus hogares y optaron por pasar la noche al aire libre o en espacios abiertos. Los servicios de emergencia se mantuvieron en alerta, aunque no se registraron evacuaciones masivas.
Este sismo, el más fuerte en décadas en Panamá, sigue una serie de movimientos sísmicos menores registrados en la región en los últimos meses. Aunque no se ha confirmado una causa específica, los expertos indican que la actividad tectónica en la zona podría estar relacionada con la convergencia de placas geológicas. Mientras se realizan evaluaciones más detalladas, la población sigue en estado de alerta debido a la posibilidad de más réplicas.
























