El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido no retransmitir en directo la ejecución de Nidal Malik Hasan, el hombre acusado de haber matado a 13 soldados en la base militar de Fort Hood en 2009. Esta decisión se toma después de que la ONU haya denunciado la posibilidad de una transmisión pública como una forma de tortura.
Trump mantiene la ejecución del exmilitar, pero descarta emitirla públicamente. Solo los familiares directos de las víctimas podrán asistir a la ceremonia. Esta medida se suma a las críticas internacionales sobre la transparencia en la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos.
La decisión de Trump contrasta con su postura anterior, donde había considerado la posibilidad de mostrar la ejecución. La ONU ha expresado su preocupación sobre el impacto psicológico de tal acto, especialmente en las víctimas y sus familias.
La ejecución de Hasan se lleva a cabo bajo la ley de 2016 que permite la pena de muerte para los militares en casos graves. Aunque la decisión no cambia el destino de Hasan, marca un giro en la política de transmisión de ejecuciones en Estados Unidos.
Esta decisión refleja una tensión entre la tradición de transparencia en la justicia y las preocupaciones sobre el bienestar psicológico de las víctimas. Mientras tanto, el debate sobre la pena de muerte sigue siendo un tema de controversia en el país.
























