El ayuntamiento de Limoges fue prácticamente destruido por un incendio durante las protestas sociales que sacudieron Francia. El edificio, construido entre 1876 y 1883 y declarado monumento histórico, sufrió graves daños tras ser atacado por manifestantes. El alcalde local condenó la violencia y prometió que los responsables serán investigados.

Más de medio millón de personas participaron en 110 marchas en todo el país, lo que derivó en enfrentamientos violentos. Las autoridades informaron que se registraron saqueos en comercios y ataques a varias sedes oficiales. El campanario del ayuntamiento también colapsó tras el incendio.

Las protestas, que se desarrollaron en varias ciudades, se caracterizaron por la destrucción de bienes públicos y la violencia contra instituciones. El gobierno y la izquierda se acusaron mutuamente. El presidente Macron advirtió que los responsables serán "castigados". Las autoridades aseguraron que no habrá impunidad.

Las protestas, que se extendieron por varios días, reflejaron una creciente tensión social en el país. Aunque el gobierno intentó contener la situación, la violencia persistió en varias regiones. Las imágenes de edificios en llamas y de manifestantes enfrentándose a la policía capturaron la atención nacional e internacional.