El domingo 25 de octubre, más de 158 millones de brasileños acudieron a las urnas para decidir entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial. Los centros de votación abrieron a las 8:00 de la mañana, hora local, en un contexto de alta polarización política.

Lula da Silva, quien ya había ganado la primera ronda, se enfrenta a Flávio Bolsonaro, hijo del ex-presidente Jair Bolsonaro. Ambos candidatos presentaron discursos en las horas previas al voto. Lula tachó a Bolsonaro de mentiroso y expresó gratitud por el respaldo popular. Bolsonaro, por su parte, promovió su postura conservadora y criticó la gestión del actual gobierno.

La elección se realiza en un contexto de alta abstención en la primera ronda, donde 33 millones de ciudadanos no votaron. Esta cifra ha generado debates sobre la participación ciudadana y la legitimidad del proceso. Los observadores destacan la tensión entre los dos candidatos, que reflejan las divisiones sociales y políticas del país.

Este balotaje representa una decisión crucial para Brasil. Lula, si logra la victoria, podría retomar la presidencia tras su condena y posterior absolvente. Bolsonaro, por su parte, busca consolidar la línea política de su padre, que ha sido criticada por su enfoque conservador y su desconfianza en instituciones. La elección se realizará en un momento de incertidumbre sobre el futuro del país.